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El Caso Pelluco

El siguiente archivo recoge una serie de  fuentes del emblemático caso Pelluco, ocurrido en el año 1965 en dicha localidad cercana a ciudad de Puerto Montt, Chile. Para la ovnilogia o ufología nacional, este caso presenta uno de los más grandes misterios sucedidos en nuestro país, cuya explicación aun perdura en el más profundo de los misterios. Los invitamos a compartir tan interesante episodio.
 


El caso Pelluco según libro: Los Sin Nombre (1974)

de los autores Manuel Saenz y Willy Wolf



                                                                                        Casos paralelos

En Pelluco, una pequeña localidad en el sur de Chile, a cuatro kilómetros de la ciudad de Puerto Montt, en la madrugada del 31 de julio, descendió un OVNI, veintisiete días después después de que fueron avistados en la Antártica. Una curiosa variante ocurrió en ambos sucesos. En el continente helado, el paso del vehiculo los vehículos espaciales fue silencioso. La aparición, esta vez fue acompañada por un ruido fortísimo, a las 4,20 de la madrugada ,lo que obligo a la familia Proschle, que habitaba cerca del lugar, y a algunos amigos, entre ellos el secretario zonal del Servicio Nacional de Salud, Arnoldo Flores, al salir fuera de la casa. El misterioso objeto desprendía una luz potentísima, de color violáceo. La misma intensidad luminosa impedía precisar la forma del artefacto, que descendía cerca del sitio donde se encontraban los testigos.

El Disco Volador se poso tras un grupo de árboles, al ras o casi al ras del suelo, durante cinco minutos, y luego ascendió a gran velocidad.

Al amanecer se examino el bosque, que presentaba un claro impresionante. El sueño mostraba una huella de un metro de profundidad y de un diámetro cercano a los sesenta metros. Los árboles habían sido arrancados de cuajo y quedaban solo las raíces al aire. El suelo parecía erosionado. Alrededor del círculo, de bordes irregulares, la vegetación estaba intacta y no presentaba quemaduras. Se busco de inmediato por los alrededores para localizar donde podría estar la masa de tierra que faltaba; pero no se encontró. Parecía que un extractor de aire hubiese aspirado el terreno en el área del aterrizaje.

 

 

Este caso coincide, casi hasta en los detalles, con el relatado por Aime Michel en su libro Los Misteriosos Platillos Volantes, ocurrido en la aldea francesa de Poncey-Sur-L`Ignon. (…)

Al estudiar ambos casos, vimos que varios detalles coincidían. En el de Chile, por la gran superficie de la depresión, podría suponerse el aterrizaje de un artefacto de gran volumen. La huella en Borgoña, de menor tamaño, presentaba la misma característica de succión de la tierra.

La explicación para Michel Aimé está en la teoría elaborada por el capitán francés Jean Plantier, en 1952, en el libro: La Propulsión de los Platillos Voladores por Campos de Fuerza.

La hipótesis de Plantier presupone un adelanto científico extraordinario de los creadores de los OVNI. ¡Los viajeros del espacio habían vencido la fuerza de gravedad! Como semejantes conocimientos no han sido alcanzados por la ciencia terrestre, habría que pensar que las maquinas espaciales son de origen extraplanetario.

En los casos de Poncey-sur-L´Ignon y Pelluco, los Discos Voladores no tocaron probablemente el terreno; oscilaron a muy poca distancia del suelo. Las naves aéreas, en ambos casos, crearon un campo antigravitacional, proporcional a sus respectivos pesos (masas). Un OVNI se vería, en estos casos, casi inmóvil en el aire, meciéndose con suavidad debido al viento. (…)

En Pelluco, por la enorme superficie de la huella que dejo el ingenio espacial, se puede colegir que creo un aérea antigravitacional de fuerza enorme, para despegar con rapidez fulminante. Pero en ambos casos los Discos Voladores succionaron el terreno situado bajo ellos. La antigravedad no estaría limitada al artefacto, sino que también al lugar bajo el. La porción de tierra acompañaría al OVNI en su ascenso, adherida por la fuerza antigravitacional y caería también hacia el espacio. Una especia de colchón de aire seguiría al objeto volante, impidiendo el calentamiento por roce y detonación al pasar la barrera del sonido. Una nave espacial, al usar este tipo de propulsión, podría “caer” en cualquier sentido y virar en ángulos increíbles, casi rectos, a velocidades tremendas.

La superficie del terreno en el sur de Chile aparecía erosionada por el campo antigravitacional de gran intensidad que tuvo que usar el OVNI.

 



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